La batalla
Continuando
con las pautas necesarias para seguir adelante en mi búsqueda de una
verdad. Una verdad que sea la verdad más verdadera de todas las veraces
verdades que han convivido conmigo desde mi infancia , que sea sólo
una pero que valga por todas.
Repentinamente me veo enfrascado en una lucha voraz sobre mis pensamientos para cazarlos con mis propias manos, atarlos y plasmarlos sobre el papel. Sin embargo, reconozco que lo había empezado como una simple idea de desviar el fluyo de mis ideas hacia una dimensión completamente distinta a las aguas por las que libremente nadaban , al final se convirtió en una guerra a campo abierto entre nosotros, el yo que escribe y que el piensa.
Me encuentro sumergido en una dualidad que hace las veces de puentes entre mi pasado y mi presente. La guerra se prolonga más de lo de esperado, ya que ambos somos y estamos en el mismo
punto, y somos nuestros mejores amigos al mismo tiempo que los únicos rivales dignos de enfrentarse en un duelo como Hector y Alquiles. Aunque es un hecho que la victoria más valiosa es la que se logra sobre uno mismo, me intriga la idea de saber si gane quien gane ganaría yo, o al contrario una derrota me llevaría a la pérdida absoluta.
Sinceramente sólo le temo a un enemigo, que por casualidad se hace llamar como yo, presume de mi nombre y en la mayoría de los casos es quien lleva la voz cantante en la toma de decisiones. El uno es un niño, el otro es un hombre; el uno piensa con el corazón mientras que el otro piensa con la cabeza. El uno ama la vida el otro la complica, el uno quiere ser feliz pero el otro no le gusta mucho esa idea. El uno vuela libremente entre las nubes mas altas, el otro le gustan las profundidades del mar. Pero ambos estamos de acuerdo en que es hora de parar la batalla ya que no se puede pelear y vivir al mismo tiempo que la vida se manifiesta en todo universo y hay que aprovechar cada momento con tanta intensidad como sólo sabría hacerlo un niño.
Repentinamente me veo enfrascado en una lucha voraz sobre mis pensamientos para cazarlos con mis propias manos, atarlos y plasmarlos sobre el papel. Sin embargo, reconozco que lo había empezado como una simple idea de desviar el fluyo de mis ideas hacia una dimensión completamente distinta a las aguas por las que libremente nadaban , al final se convirtió en una guerra a campo abierto entre nosotros, el yo que escribe y que el piensa.
Me encuentro sumergido en una dualidad que hace las veces de puentes entre mi pasado y mi presente. La guerra se prolonga más de lo de esperado, ya que ambos somos y estamos en el mismo
punto, y somos nuestros mejores amigos al mismo tiempo que los únicos rivales dignos de enfrentarse en un duelo como Hector y Alquiles. Aunque es un hecho que la victoria más valiosa es la que se logra sobre uno mismo, me intriga la idea de saber si gane quien gane ganaría yo, o al contrario una derrota me llevaría a la pérdida absoluta.
Sinceramente sólo le temo a un enemigo, que por casualidad se hace llamar como yo, presume de mi nombre y en la mayoría de los casos es quien lleva la voz cantante en la toma de decisiones. El uno es un niño, el otro es un hombre; el uno piensa con el corazón mientras que el otro piensa con la cabeza. El uno ama la vida el otro la complica, el uno quiere ser feliz pero el otro no le gusta mucho esa idea. El uno vuela libremente entre las nubes mas altas, el otro le gustan las profundidades del mar. Pero ambos estamos de acuerdo en que es hora de parar la batalla ya que no se puede pelear y vivir al mismo tiempo que la vida se manifiesta en todo universo y hay que aprovechar cada momento con tanta intensidad como sólo sabría hacerlo un niño.
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