Una chispa divina imperceptible

En lo profundo de cada ser humano arde una chispa divina, una luz interior que, aunque muchas veces quede oculta bajo el ruido del mundo y el peso de las preocupaciones, nunca se extingue. Esa chispa nos recuerda que estamos conectados con algo más grande que nosotros mismos, una fuente de vida y de sentido que trasciende lo visible. Es la semilla de nuestra creatividad, el impulso que nos lleva a buscar la verdad, a tender la mano al otro y a soñar con un futuro mejor. Reconocerla en nosotros es abrirnos a nuestro propio potencial; reconocerla en los demás es vivir en respeto y compasión, sabiendo que cada mirada, cada gesto y cada encuentro es un reflejo de lo sagrado que compartimos.



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