Devuélveme mi corazón.
Al sumergirme en las profundidades de mi alma, encuentro rastros de lo que fue nuestra historia. Historia que espero cuentes a los que permanecen entre los vivos. Sabes perfectamente que no existo. Mis órganos, aparentemente funcionan, pero me opongo a declararme como "vivo".
Preferiría que me llamasen "no enterrado", para mí vivir se limita a respirar digerir el aire
y vomitarlo.
Recuerdo exactamente cómo transcurrió todo; aquella cálida y armoniosa tarde de verano. Yo, ingenuo como siempre, te ofrecí todo mi ser; tú, solo querías mi corazón el cual te entregué sin esperar nada a cambio. Yo, en un acto de valentía, me acerqué y te dije:" es tuyo, haz con él lo que quieras". Quizás, no debí ser tan confiado.Desconocía tus aficiones por la cultura azteca de extirpar
corazones mientras laten. Si lo hubiese sabido en ese momento me habría arrepentido seguramente.
Me dijiste que no me harías daño, te creí. ¡Que ingenuo! Es cierto que dudaba de ti. Así que te acompañé en el espacio y en el tiempo. Me pediste que me abriese la camisa. Yo, permanecía en las Nubes. Luego me pediste que me recostase sobre el suelo y que cerrase los ojos. Yo te seguía la corriente, aún si saber nadar. Lo tenías todo bien preparado, pues al siguiente instante introdujiste ésa daga tan sutil en mi alma, y me arrancaste el corazón. Yo lo vi, con todos mis ojos, pero no lo podía creer. De hecho aún sigo en mi perplejidad y no lo creo. Aunque me lo diga Dios en persona. Eres incapaz de arrancarle el corazón a nadie. Aunque las pruebas te condenen, yo seguiré confiando en tu inocencia.
Transcurrido unos meses, desde aquel trágico día, me pregunto:" ¿ Qué hiciste con él, mi corazón, lo tiraste por las escaleras infinitas, lo utilizaste como balón de fútbol o se lo implantaste a alguien?" Todavía confío en tí, y he querido pedirte que me lo devuelvas, por favor.
Preferiría que me llamasen "no enterrado", para mí vivir se limita a respirar digerir el aire
y vomitarlo.
Recuerdo exactamente cómo transcurrió todo; aquella cálida y armoniosa tarde de verano. Yo, ingenuo como siempre, te ofrecí todo mi ser; tú, solo querías mi corazón el cual te entregué sin esperar nada a cambio. Yo, en un acto de valentía, me acerqué y te dije:" es tuyo, haz con él lo que quieras". Quizás, no debí ser tan confiado.Desconocía tus aficiones por la cultura azteca de extirpar
corazones mientras laten. Si lo hubiese sabido en ese momento me habría arrepentido seguramente.
Me dijiste que no me harías daño, te creí. ¡Que ingenuo! Es cierto que dudaba de ti. Así que te acompañé en el espacio y en el tiempo. Me pediste que me abriese la camisa. Yo, permanecía en las Nubes. Luego me pediste que me recostase sobre el suelo y que cerrase los ojos. Yo te seguía la corriente, aún si saber nadar. Lo tenías todo bien preparado, pues al siguiente instante introdujiste ésa daga tan sutil en mi alma, y me arrancaste el corazón. Yo lo vi, con todos mis ojos, pero no lo podía creer. De hecho aún sigo en mi perplejidad y no lo creo. Aunque me lo diga Dios en persona. Eres incapaz de arrancarle el corazón a nadie. Aunque las pruebas te condenen, yo seguiré confiando en tu inocencia.
Transcurrido unos meses, desde aquel trágico día, me pregunto:" ¿ Qué hiciste con él, mi corazón, lo tiraste por las escaleras infinitas, lo utilizaste como balón de fútbol o se lo implantaste a alguien?" Todavía confío en tí, y he querido pedirte que me lo devuelvas, por favor.
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